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domingo, 25 de diciembre de 2011











Blhoja 059 - SANTIAGO DE CHILE Y OTRA VEZ A CRUZAR LOS ANDES


La noche del 17 de febrero dormimos en Santiago. Después de cuatro días de estar en el medio de la nada, que de nada nada tiene, sino que es un tanto tan indescriptible, tan amable y tan amenazante, poderoso y tan soberbio, salvaje; esta noche la cómoda habitación del hotel Neruda Express me abrazo con su confort. (Pobre Neruda)
De vuelta en Santiago después de tantos años, en un barrio que no conocía, un barrio cuico, donde despedimos la noche con un riquísimo pisco sour.
Al día siguiente volvimos a Mendoza, cruzamos nuevamente la Cordillera de los Andes, pero esta vez, en un esponjoso asiento.


SAN GABRIEL: puesto de control


SANTIAGO: Barrio El Golf









 SANTIAGO: Río Mapocho


Dejando Santiago


LOS CARACOLES: Cordillera chilena




CORDILLERA ARGENTINA

Puente del Inca, Mendoza






Usapallata, Mendoza

 Río Mendoza

 Ruta Nacional 7, Carretera Libertador General San Martín









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  • Hoy MAURICIO KARTUN
Desde la lona

Don Justo recoge dificultosamente los libros tirados. Bautista observa el agua del radiador que drenó.

BAUTISTA: Mire lo que es el agua ésta. Barro. Un asco. Con razón levantaba temperatura. Que fundido… Ahora, arranca, nos volvemos despacio… Los melindres me los deja para más adelante. Es joven todavía. ¿Qué quiere que haga yo sin usted? ¿Aguantó treinta años, se me va a morir ahora?

Don Justo se acerca vacilante a Bautista.

DON JUSTO: Usted… Usted… Yo… Digo… He sido siempre un hombre de dignidad. No me gusta pedir, pero…

BAUTISTA: No, si está bien. Lo que pasa que yo… Ya me estaba…

DON JUSTO: ¿Campeón argentino, no?

BAUTISTA: Bueno… del match… Ficticio…

DON JUSTO: Usted… Usted… Si usted honra esos colores me tiene que dar una manito…

BAUTISTA: Yo no estoy en condiciones…

DON JUSTO: ¿Y quién? Si los jóvenes se lavan las manos…

BAUTISTA: Yo ya, joven…

DON JUSTO: ¿Lucha o no lucha?

BAUTISTA: Ayer. Dieciocho personas. Pagas dieciséis.

DON JUSTO: Si puede luchar es joven. Todavía persigue objetivos.

BAUTISTA: Ellos me persiguen a mi. Ayer me alcanzó uno.

DON JUSTO: En la Capital se tienen que enterar de esto… Perelló… Me lo tiene que ubicar a Perelló. Debe estar viviendo en la capital… Íntimos con Perelló. Una movilización… Frente a cualquier avasallamiento nosotros enseguida: movilización y desagravio… A Kazniecky, me lo tiene que ubicar, el polaquito, profesor de francés, que era del comité también… Toda esa muchachada… Les perdí la pista, pero en algún lado han de estar… Una institución la biblioteca nuestra.

BAUTISTA: Que se yo… Si quiere… me dice donde, le llevo la carta.

DON JUSTO: Vaya a saber, no mueven a los gremios desde allá… Una causa así… Biblioteca Emilio Zola. Pregúntele a cualquiera. ¡Institución! La de reuniones… Y siempre juntos los tres… Inseparables. Reunión que terminábamos: los tres al Argentino, frente a la plaza. Cuando todavía estaba el Argentino… Moscazo con fernet para los tres… Farristas, ¿vio? Nos encendía los sueños el moscazo… Prende los sueños… El país era un sueño de moscato… (Queda pensativo. Tiempo) Cada resaca después…

BAUTISTA: Y, los amigos… Ya se sabe… Se van perdiendo. Las obligaciones… La familia…

DON JUSTO: Farristas… tres brigadas habíamos fundado: Monte Cudine, Amargo Obrero y Chinato Garda. Cada uno comandaba la suya. Yo la biblioteca. Perelló el ateneo, y Kazniecky el cuadro filodramático. Profesor de francés en el liceo, Kazniecky… Alquilábamos el cine Electric los primero de mayo. Donde ahora está el pastor… Gran Velada Teatral. Esas eran obras y no las porquerías que escriben ahora. Positivas. Llegaba la escena final y todos llorábamos de optimismo. El protagonista iba a proscenio y miraba para adelante el camino. El futuro. Miraba el mundo nuevo. El mundo nuevo venía a quedar como en las últimas filas de la platea… El sol naciente le daba en la cara. Una lata de aceite el sol naciente… Las luces las hacíamos con latas de aceite pero cuando le bañaba la cara al protagonista eran un sol de verdad… (Queda en silencio. Desolado) ¿Le parece que lo encontrará en la capital a Kazniecky…? Pelito ralo, rubio… Le decíamos el Polaco.

BAUTISTA: Me da la carta yo la llevo.

Vuelve Pitusa con el changuito cargado por la huella que va haciendo mas honda.

PITUSA: (A Don Justo) ¿Todavía acá? ¿A que le está contando cosas antiguas al señor Bautista…? No le digo… A don Justo si lo dejan hablar del pasado… Vamos… yo ya empecé la pilita. Lleve despacito las bolsas y vaya poniéndole encima nomás. No se duerma mucho que nos agarra el agua… (Parte por la huella)

BAUTISTA: ¿Lluvia…? ¿No era que seco, el zonda…?

PITUSA: El zonda si. Eso fue antes. Ya se fue, el zonda. Sudestada. Vea. Unos nubarrones como de lana cruda. Viento del este, lluvia como peste. Aca decimos así.

Sale.

DON JUSTO: (Se aleja juntando los libros que tiró Pitusa) Dumas, El Conde de Montecristo… (Otro) Cría rentable del ave de corral… (Otro) Tomo cuatro de las completas de Ingenieros.. (Levanta la cabeza. A Bautista) Kazniecky… con k de kilo… (Levanta un último ejemplar) La Historia de la Comuna de París, de Ramón de Cala… (Sale)

BAUTISTA: (Al Marciano) No me mire así. Que voy a hacer… Cuando no se puede no se… Toda la vida preocupándome por los demás. ¿De que me va a acusar? ¿Dejé a alguien en la calle alguna vez yo? ¿Entonces que me mira así? ¡Por mí preocúpese un poco, que míreme el estado! Preocúpese un poco por mí y arranque de una vez. (Le pone agua limpia al radiador) No hay razón científica ahora para que no arranque, ¿eh? Una causa noble además: un pagadios. No me va a aflojar ahora que viene la tormenta. ¿Qué hago yo a pie? No soy hombre de a pie yo. Tenemos que seguir trabajando: antes de ponerme de nuevo el disfraz de felpa me vuelo la cabeza. ¿No vio usted como terminé con el quiosco? No sirvo yo para otra cosa. Que va a saber de quiosco Mister Argentina. Que sabía yo que en verano no hay que comprar chocolate… Se ablandan todo. Se achatan. (Sus rollos) Esto es todo chocolatín. Un capital en chocolatín acá. Cuando la conocí a la Nena quise adelgazar pero no hubo caso. (Acusa el recuerdo) Venía siempre al mediodía la Nena. Una cajita chicle frambuesa, dos genioles. Diecinueve años. Una vuelta le regalé una hebillita, que se yo… Trabajaba a la vuelta. Un taller de ropa para chicos. Usted no la veía porque a casa no la llevé nunca. Me daba no se que. La edad. Un mediodía la invité a pasar. Se rió finito. Se reía finito la Nena. Bajamos la persiana… Un horno. Sobre chiquito el quiosco le daba todo el sol a la cortina de chapa. Sudábamos los dos. Puré de barro los chocolatines. Diecinueve años. Todo duro. Parecía de mentira. O yo no me acordaba o nunca había tocado. Me parece que ni a los diecinueve tuve una de diecinueve. Un varón de m i edad. Solo en la vida. Le puse la mano entre las piernas y sentí que tocaba el cielo. Y me quedé pegado Me tenía perdido. Todos los mediodias menos domingo. Bajábamos la persiana. Siempre le daba algo. Una ayudita para el presupuesto. Cositas de tocador. Alfajores para los sobrinos. Y después usted me mira como si yo no ayudara a la gente… (Tiempo) No vendía nada. Abría para verla nomás. El quiosco se hundía. Los chocolatines se fundían. Yo despegaba el papel encastrado y para no tirarlos me lo comía. Y sudaba. Quería decirle de irnos a vivir juntos pero me daba no se qué. La edad. El día que me decidí la fui a buscar a la salida del taller. Un ramito de clavel jaspeado. La vi cruzar el asfalto por el lado de la avenida. (Tiempo) Después se metió por la cortina en el autoservicio que cerraba. (Tiempo) El coreano también le bajaba la persiana… Me quedé ahí. Un buzón. Volví al quiosco y le puse la cadena y el candado. Me parece que lloré. ¿Lloré? Que grandote, lloré. Por debajo de la cortina salía un charco de chocolate. No volví más. Cuando se acabó la plata entré a trabajar en el trencito… (Cae a la arena desolado
Regresa Romano. Insiste nuevamente con las lecciones de catch)

BAUTISTA: No puedo querido ahora, no… (Romano insiste alegremente) Ahora no, te digo… Quiero salir antes que apriete más el sol. (Romano empecinado) No se como hacerte entender, viste… No puedo… (Romano otra vez) Si te digo que no… (Romano lo enfrenta) Basta… (Bautista descontrolado la da un empellón violento que lo arroja al suelo. Romano acusa el golpe y el desprecio. Trata de contener un llanto inminente) Pará… Vos también… ¿Pero qué tengo yo? ¿Tengo un imán para los… para los…? ¿Qué querés que haga? ¿Tengo poco problema yo? ¿Quién te crees que soy yo? (Romano le clava la mirada) ¿El salvador? ¿Dios soy? ¿El Maquinista Pi, soy? Soy Bautista, campeón argentino de match del año sesenta y dos… De match, que es como decir campeón de varieté… ¿Qué Dios…?  Bautista soy, que la chiquita se le fue con el coreano… Bautista, que seis domingos atrás estaba de Pantera Rosa en un trencito y decidió volver a la lucha para no morirse de vergüenza y de tristeza… ese soy… Que si hoy no lo hago arrancar a éste, el domingo que viene me estoy ahogando de nuevo en el traje de felpa rosada en parque Centenario ¡Ese soy! (Romano lo mira en silencio) Un estúpido sin un peso que se pasó toda la mañana hablándole a un Bedford ´60 y a un opa mudo (Se arrepiente pero ya lo dijo. Largo silencio)

ROMANO: (Calmo y digno. Con voz apenas gangosa pero clara y vivaz) Ningún opa, yo. 


Bautista queda congelado en la sorpresa.

ROMANO: Opa usted que compra chocolate en verano.

BAUTISTA: ¿Pero… entonces… vos…?

ROMANO: ¿No me escucha?

BAUTISTA: ¿Y… no sos…?

ROMANO: No

BAUTISTA: ¿Y que sos?

ROMANO: Laosiano. Y leporino.

BAUTISTA: ¿Laosiano?

ROMANO: ¡Laosiano y leporino!, ¿Es sordo usted, o yo hablo en idioma?

BAUTISTA: ¿Y para que…?

ROMANO: (Se encoje de hombros) De obediente…

BAUTISTA: ¿Obediente de quien?

ROMANO: De todos.

BAUTISTA: ¿Y aquí saben?

ROMANO: Nadie. No soy de acá. Me escapé el anteaño del orfanato.

BAUTISTA: ¿Sos solo?

ROMANO: Me crié ahí. Hijo de laosianos que trajeron una vez, decían. No se adaptaron. Se volvieron todos. Que se comían los perros, decían.

BAUTISTA: ¿Y todo este tiempo… mudito…?

ROMANO: (Asiente) Desde chiquito.

BAUTISTA: ¿Y que se te dio?

ROMANO: A los demás se le dio, ¿Qué a mi? ¿No sabe usted cómo es la gente? Ven algo distinto y se asustan.

BAUTISTA: ¿Pero… callado, callado, sin que nadie…?

ROMANO: ¿No vio que no le habla a los rengos la gente? Ven un albino miran para otro lado… Para arriba, así… Cara de perro que se lo están cogiendo. Les da miedo uno, vergüenza, contagio uno, que se yo. No dan bolilla. Al principio uno se defiende. Después se va cansando. Uno se va metiendo para adentro. De obediente. Se empieza a portar como un tarado de verdad. Más cómodo. Termina siendo lo que se creen los demás. Como a uno lo miran: así se hace uno. ¿Usted tan grandote al pedo todavía no se dio cuenta?

BAUTISTA: No

ROMANO: Sería hora

BAUTISTA: ¿Y por qué a mí si?

ROMANO: Por que es el que me va a ayudar.

BAUTISTA: ¿Yo?

ROMANO: Me va a enseñar las tomas…

BAUTISTA: No… Yo… ¿Para que querés?

ROMANO: Usted que le importa…

BAUTISTA: Encima de prepo.

ROMANO: Soy distinto, ¿no? Me tengo que saber defender. Al distinto le tiran todos.

BAUTISTA: Vos te crees que es una pavada, que se hace así, paf, y salís luchando…

ROMANO: Ataque nada mas. Defendiéndome soy bueno. Dieciséis años que me defiendo… Atacando es donde no me doy maña… Ojo que yo no tendré mucha cabeza pero cuando me pongo, me salen las cosas…

BAUTISTA: ¿Y yo qué tengo que ver…? ¿Por qué me iba a poner con alguien que no conozco…?

ROMANO: Porque usted también es distinto como yo.

BAUTISTA: (Tocado) ¿Yo?

ROMANO: Se ve

BAUTISTA: ¿Yo distinto?

ROMANO: Mas bien. Si no fuese distinto no andaría por los pueblos con una bandera argentina luchando contra la Momia. Si los distintos no nos ayudamos entre nosotros…

BAUTISTA: Ningún distinto. Un gil más soy yo

ROMANO: Si no me ayuda usted que es como yo…

BAUTISTA: Por favor…

ROMANO: Yo me arreglo en cualquier lado. Duermo en el suelo. Usted me lleva, lo ayudo en lo que sea…

BAUTISTA: ¡Pero que decis!

ROMANO: ¿No me dijo que me porté gauchito? Usted me enseña las tomas, yo lo ayudo en lo que me pida… Le lavo El Marciano…

BAUTISTA: Nene… Vos no estás retardado. Estás loco.

ROMANO: ¿Me va a dejar acá? Usted que es el único que me puede ayudar… ¿A que me maten como a la bataraza mía me va a dejar?

BAUTISTA: Qué decís…

ROMANO: ¿No la escuchó a la Pitusa?

BAUTISTA: ¿Qué tiene que ver la gallina?

ROMANO: La mató con la indiferencia.

BAUTISTA: ¿…?

ROMANO: De diferente. Con aerosol. ¿Nunca vio?

BAUTISTA: Qué se yo.

ROMANO: Rojo sangre el aerosol. Le sobró de pintar la heladera. Le dio dos manos de esmalte a la bataraza, y la soltó de nuevo en el gallinero. Roja sangre. Las otras la ven diferente y le hacen el vacío. Ella busca acercarse pero lo rechazan. Ella no entiende que pasa y vuelve. Otra vez, y otra vez… Entonces le sacan los ojos a picotazos. La pobre se muere tratando de que la acepten.

BAUTISTA: (Tocado) ¡Dejame de historias, pelotudo! ¡Bastante tengo yo con las historias mías! ¡Fush! ¡Fush! ¡Acá no vamos a ninguna parte! ¡Fush!

ROMANO: ¡Usted no me puede fallar! ¡Usted es distinto también!

BAUTISTA: ¡Y así me fue! ¡Como el culo nos fue acá a los distintos! ¡Fush! ¡Que, distinto! ¡Igual a la gente hacete! ¡Fush! ¡Hacete policía! ¡Operate! ¡Empleado del municipio, hacete!

ROMANO: Yo acá, si no me lleva, me muero…

BAUTISTA: (Lo aleja a pedradas) ¡Fush! ¡Fush! (Romano se refugia tras el colectivo. Bautista corre hacia la cabina y trepa con desesperación. El cielo se enciende con un relámpago. Truena) Va a arrancar. Usted va a arrancar sin decir ni mu… (Da contacto, y luego arranque, que se mueve apenas en los últimos estertores) Dignidad… No le pido ni velocidad ni furia. Dignidad nomás… (Vuelve a intentarlo inútilmente) Dignidad… (Y otra vez) Vamos… Vamos… Marcianito…


MAURICIO KARTUN nació el 17/11/1946. Dramaturgo, director y maestro de dramaturgia, escribió más de 30 obras originales y adaptaciones, entre las que se destacan: Desde la lona; Sacco y Vanzetti; Rápido nocturno, aire de foxtrot y Chau Misterix. Además, dirigió La Madonnita; El niño argentino y Ala de criados, de autoría propia. Creador de la Carrera de Dramaturgia de la Escuela de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires y docente de la Licenciatura en Teatro de la UNICEN. Dictó innumerables talleres y seminarios tanto en su país como en España, Brasil, México, Cuba, Colombia, Chile, Venezuela, Uruguay, Bolivia y Puerto Rico. Se desempeñó, en varias oportunidades, como curador del Festival Internacional de Buenos Aires. Jurado en decenas de concursos de dramaturgia. Recibió diversos premios, entre ellos: Nacional de Literatura Dramática, Municipal de Teatro, Clarín, Trinidad Guevara, ACE y Argentores.





jueves, 18 de febrero de 2010












Blhoja 018.CHILE 2000 – PUNTO DE PARTIDA: SANTIAGO


El nuevo milenio traía la necesidad de volver a Ushuaia. La llegada a la ciudad mas austral del mundo entrando por el Canal de Beagle era una foto indeleble que aparecía ante mis ojos tenazmente desde aquel junio de 1982. También se sumaban las de Río Grande y el lago Fagnano, una mezcla paisajística con imborrables recuerdos. Esa nostalgia de volver al lugar amado, al lugar de la aventura, al lugar del dolor. Y era hora de cumplir algunas de las viejas promesas.
La excusa era válida para emprender el viaje pero además, podía sumarle otras ganas recientes: conocer parte del sur chileno. La situación económica se daba y no quería perder la oportunidad, así que, con la complicidad de Osvaldo, volvimos a subir al TAC y nos pusimos en marcha para cruzar por quinta vez la Cordillera de los Andes, vía Mendoza.


Ese cruce volvió a ser un nuevo descubrimiento. La atracción que tienen sobre mi esas moles rocosas es superlativa. Contemplando esa inmensidad con un vidrio como única frágil barrera, no dejaba de anhelar el poder rodar por ese profundo valle o ascender por esas empinadas laderas. Que difícil se me hace poner en palabras lo que, ahora recordando, fue ese sentimiento. Veía tanta libertad fuera de ese rectángulo móvil, si es que la libertad es enormidad, soledad, pureza…


No era una impresión de deslumbramiento. O por lo menos el deslumbramiento que te provoca el verlo por primera vez. Pase seis veces por ese lugar y en todas, mi mente se escapaba de mi cuerpo e iba mas allá de lo que marcaba el camino. Esta muy cerca el momento en que pise, toque, recorra parte de ese espacio con el viento golpeándome la cara. Pero eso será en una blhoja futura.


En ese enero del 2000, volver a pisar las calles de Santiago fue un nuevo recargue de pilas, tan necesario en alguna época del año. Esta vez el alojamiento fue un hotel a media cuadra de donde la primera vez que pise calle santiaguina, el chino/japonés/caraoriental terminó con mi incertidumbre de si me robaría, violaría o que se yo que, después de romperme la cabeza con ese palo medidor de gomas: --son veinte mil pesos-- me había dicho y me abrió la puerta hacia la ciudad por descubrir. El nombre de la calle: Mac Iver. Nada que ver con el McGuiver de la serie, pero suena parecido y divertido. Este fue un político del 1800 que participó en el derrocamiento del presidente Balmaceda por la oligarquía chilena. (Historia conocida, “héroes” que adornan con sus nombres las calles de las ciudades latinoamericanas. Tenemos a varios por estos lados, se me cruza por la mente y ya que hable de montañas, a don J.A.Roca. Parecido pero no divertido).
Volvía a estar en la Santiago vieja, con sus antiguos edificios, sus callecitas angostas, su incansable tráfico de vehículos de todos los modelos adornado con buses de un amarillo furioso. A pocos metros de una panadería que por las tardes desborda de empleados con sus trajes oscuros, señoras con sus bolsos de compras, niños golosos y transeúntes de todo tipo en busca de los berlines, cocadas, chilenos y demás exquisiteces dulces, que al parecer es el clásico de la mediatarde. Mi preferido: berlines rellenos con majar (dulce de leche).
Lo primero que hicimos fue ir a la Estación Central de Santiago o Estación Alameda, ubicada en la comuna Estación Central y sobre la Alameda hacia el oeste a unas treinta cuadras de donde estábamos. Es la terminal de trenes de la red sur que termina en la ciudad de Temuco. Tenía muchas ganas de viajar en tren. En Argentina hacía años que los trenes andaban muy mal y el gobierno que acababa de finalizar, el del innombrable turco, había terminado por destruirlos dejando a miles de trabajadores en la calle. Al llegar a la estación un mundo de gente con bolsos y mochilas merodeaba el lugar. No había un solo pasaje hasta la semana próxima. La idea era quedarse dos días, tres como máximo en Santiago, por lo tanto descartamos la idea y caminamos hasta la terminal de buses Alameda a unas cinco cuadras mas al oeste. Decidimos quedarnos dos días mas y sacamos un servicio nocturno rumbo a Puerto Montt.
En esas jornadas recorrimos sectores por los que habíamos pasado fugazmente o directamente desconocidos.

Bajamos al subte, o mejor dicho el metro de Santiago, en la estación Universidad de Chile de la Línea 1. Imponente espacio cubierto con el gran mural del artista Mario Toral que representa la historia chilena titulado: Memoria Visual de una Nación. Embelesados por esa imponente obra nos subimos al tren rumbo a la estación Manuel Montt, en el barrio de Providencia. Aquí, lo que era la Alameda ya es Av. Providencia y se divide en un tramo formando 11 se Septiembre. Es la zona comercial por excelencia y es uno de los barrios “altos” de la ciudad. Edificios modernos y locales comerciales cambian la fisonomía de la Santiago vieja, aquí no se diferencia del centro de Buenos Aires, por ejemplo. Mientras que en el otro sector ciertos comercios son característicos, aquí está más globalizado. Por ejemplo en un “mercado” donde se pueden encontrar vinos, fiambres, quesos, conservas; la fisonomía del lugar no se asemeja en absoluto a una típica granja rosarina. En cambio en Providencia, si. La panadería de los berlines con manjar, es muy diferente a una panadería rosarina y de Providencia. Lo mismo ocurre con los bares. No he visto un bar donde tomar un café, salvo ese insólito hallazgo que comente en la blhoja anterior. Aquí el lugar del café se llama “Café con Piernas” y uno se puede tomar un café en un pequeño local con una larga barra, atendido por “niñas”, cuya vestimenta consiste en diminutas bikinis. En Providencia los bares tienen mesas, sillas y no hay niñas en bikini.





La Plaza Baquedano separa Santiago Centro de Providencia y el cambio se nota. Este es el límite entre el Santiago obrero y el adinerado. Igualmente en este sector se pueden conseguir las populares empanadas de pino, enorme empanada cocida al horno, rellena con carne vacuna, cebolla, comino, ají, aceituna, huevo y pasas de uva; muy diferentes a nuestras clásicas empanadas, que aunque con similar relleno saben totalmente distintas.
Dos empanadas de pino, un berlin con manjar, agua mineral y a la sombra de un árbol a orillas del Mapocho a saborear el exquisito almuerzo.




En Baquedano nos subimos al metro de la Línea 5 y nos fuimos de shopping, o como dicen ellos, al Mall. En un tramo sale a la superficie y se puede ver una cara mas chata de la ciudad.







La ultima mañana subimos al cerro Santa Lucía, en el que habíamos visto “La negra Ester”.
Es el corazón de la ciudad y su punto de fundación. Esta vez recorrimos sus extensos jardines y miradores. En uno de los bancos del Jardín Circular en la cima del cerro, leí mi primer obra de teatro chilena: “Tierra de nadie” de Jorge Díaz, de quien ocho años después me anime a dirigir otra de sus provocadoras creaciones.
Casi alejado del ruido del centro; de fondo un coro de pájaros, mientras el tradicional cañón del cerro anunciaba el mediodía, me iba despidiendo de Santiago hasta quien sabe cuando.

















lunes, 15 de febrero de 2010










Blhoja 017.CHILE´99 – DE NUEVO EN SANTIAGO

Hacía dos meses que había regresado de Chile y ya estaba subiendo nuevamente al TAC para volver.
Rosario, Mendoza y allí trasbordo a un colectivo mas chico para cruzar la cordillera.


Después de pasar el complejo turístico de Penitentes y el Puente del Inca con su dorado maravilloso y su mítica leyenda que cuenta que el gran jefe inca enterado que hacia el sur, aguas mágicas podían curar a su pobre hijo paralítico, organizo una excursión con sus mejores guerreros y al llegar quedo maravillado por las aguas que brotaban de la tierra, pero para llegar a ellas debían cruzar un caudaloso río, entonces sus guerreros formaron un puente humano y así lograron, el jefe y su hijo llegar a las aguas y conseguir la cura. Cuando el jefe miró hacia atrás para agradecer a sus hombres, estos se habían convertido en piedra, formando así “el Puente del Inca”.


La aduana argentina es lenta. O había mucha gente o pocos agentes, la cosa que estuvimos como una hora esperando para pasar a mostrar los documentos y otra, para terminar la cola de los trámites de visado.
Después vinieron unos tres kilómetros de túnel y la aduana chilena.
Allí el colectivo entra en un enorme edificio y bajamos con todas las pertenencias para ser registrados. En una sala con una larga mesa revisan los bolsos de mano mientras por otro mesón van pasando los equipajes por un tipo de detector.



Ya estábamos casi listos cuando uno de los agentes de control pregunto de quien era la maleta. Yo ya me lo veía venir. Osvaldo con asombro dijo, mía, y nos acercamos. El tipo, junto a una mujer empezaban a revolver el bolso y sacar algunos de los objetos que allí había.
--Y esto?
--Películas…
--Hartas películas!
Muchas quiso decir. Y si eran muchas. Por demás tal vez.
--Coleccionistas de cine-- dijo Osvaldo y le mostró el carnetcito que lo identificaba, yo mostre el mío pero ni los miró, no le importo demasiado.
--… --mirada de “que dice?”
--Le traigo “estas” películas a un compañero coleccionista de Santiago--. “Estas” películas eran unos noventa VHS y veinte DVD (novedad, recién aparecían en el mercado). La mayoría de los títulos, clásicos estadounidenses.
--Se quedan. Tiene que pasar por censura.
Bueno.
Ya creo que en algún momento dije que mi amigo Osvaldo es un poco efervescente y no mide mucho las consecuencias.
--Como que censura si no son pornográficas, tengo que estar en Santiago, no me voy a ir sin las películas… --y esto que el otro, la cosa es que en un momento estábamos frente a la jefa de la aduana, vidrio de por medio, una carabinera no muy simpática, que con poca paciencia le decía a Osvaldo que esas películas se quedaban allí… yo tratando de calmarlo, no sea que además de las películas nos quedemos nosotros en medio de la montaña…
--Firme aquí y el lunes van al aeropuerto a buscarlas.
Discutió un rato: “como que el lunes”, “no puedo perder este material”, “que le digo a mi amigo cvoleccionista”… lo obligue a firmar y nos subimos al colectivo. La mirada de algunos de los pasajeros no era muy amistosa. Hacía mas de una hora que estábamos varados allí y Osvaldo quejándose de la injusticia cometida. Otros, seguramente acostumbrados a estos acontecimientos, ni se mosqueaban o miraban con una sonrisa cómplice: --Así que pasando mercadería de contrabando…
Y no era mercadería de contrabando, era un favor que Osvaldo le hacía a su amigo Jorge que no podía viajar y le estaba trayendo al amigo chileno este material, le pagaban el pasaje y la estadía.
El encuentro con el coleccionista chileno fue muy incómodo. Nos estaba esperando en la terminal. Veníamos atrasados y Osvaldo se deshacía en disculpas por lo ocurrido. La cara del tipo era: “no te preocupes ya sabía que iba a pasar…” pero no había forma de conformar a la negligente “mula” que había perdido su cargamento.


Llegamos a la zona del centro santiaguino, a pocas cuadras del hotel en el que nos habíamos alojado en el viaje anterior. Entramos a un local de ventas de VHS. Después de mostrarnos su comercio, el “coleccionista”, nos condujo a pocos metros de allí, a un residencial que tenía reservado, en frente del Parque Forestal.
A la mañana siguiente se dilucidó el episodio. No había ningún coleccionista sino un comerciante que necesitaba las películas enviadas por Jorge para aumentar su colección de clásicos y así tener a la venta mas material que otros videoeditores. Recorrimos su salón de edición y nos regaló unas cuantas películas entre ellas Gringuito, una muy buena película chilena. Ese primer mediodía nos invitó a comer a un restorán chino en el barrio Brasil. Brindamos con pisco sauer y acordamos que el lunes comenzaríamos los trámites en el aeropuerto (sede central de la aduana) para recuperar las películas. Nos acompañaría Rosa?, creo que así se llamaba, una simpática señora, muy amable y solícita con un grave defecto: pinochetista. No me pude contener y como muchas veces no comprendo como la clase trabajadora apoya a los dirigentes antipopulares, le pregunté el por que y sin muchas convicciones me dijo que había sido el gran libertador de la amenaza comunista. No creí conveniente seguirla y la deje tranquila con sus “convicciones” al ver su incomodidad frente a dos extraños aparentemente amigos de su patrón que, ferviente defensor pinochetista nos dejó con el pollo Szechuan atragantado, que ni la cerveza Cristal pudo bajar.
El barrio Brasil es un barrio viejo. Las casonas y palacetes estaban descuidados y el abandono se veía en general, aunque se intentaba resurgirlo edilicia y culturalmente con la intención de atraer familias jóvenes al centro de la ciudad. Decidimos abandonar a nuestro anfitrión y caminamos un poco, hasta que llegamos a Alameda.
El lunes por la mañana el taxi tomo San Pablo rumbo al este. Nos íbamos para el aeropuerto. Los tramites nos llevaron tres días de largas esperas y al final no conseguimos que nos entreguen los VHS, a pesar de los contactos amigos de don “coleccionista”.
Al fin nos desembarazamos de tan engorrosa gestión y tuvimos unos días para disfrutar Santiago.


Una de estas últimas noches subimos al Cerro Santa Lucía a ver teatro. Era una enorme carpa montada en la cima del cerro cubriendo las gradas que servían de plateas. Un amplio escenario con tres niveles tenía al fondo una representación de una antigua casa de dos plantas, a la derecha bajaba una escalera, una pequeña tarima a la izquierda y en el centro el espacio central:

LA NEGRA ESTER, un gran espectáculo lleno de picardía y con mucho ritmo. Una obra popular de Roberto Parra, uno de los hermanos de la Violeta, que cuenta su historia de amor con una prostituta. Ya habíamos disfrutado del teatro chileno en lugares no convencionales como un gran salón en la estación Mapocho donde vimos una moderna versión de Calígula de Camus. En un galpón detrás de la misma estación donde disfrutamos una excelente obra con actores, títeres y muñecos llamada GEMELOS. Y en una carpa detrás del Museo de Arte Contemporáneo en el Parque Forestal, donde en una pista de sal, actores y músicos deslumbraron con una trágica historia en UNA CASA VACIA.


Esa mañana salimos a buscar un desayuno argentino con medialunas o bizcochos, muy difícil de encontrar. En el residencial lo mas cercano eran las tostadas y la mayoría de los bares, sanguches calientes o fríos con harto mayo y picante. Creo que por Ahumada cruzamos Alameda y en alguna esquina cercana vimos un característico bar al estilo nuestro. Altas puertas, altas ventanas a la calle y mesitas cuadradas de madera y las típicas sillas de bar. El mostrador de madera como los pisos. El olor a café de máquina y una bandeja repleta de medialunas. Esto si era desayuno!!!.









Caminamos hasta la Iglesia San Francisco y descubrimos una callecita que luego de una curva se transformaba en otra ciudad. París Londres es un pequeño barrio con estilo europeo, puramente turístico, con escaso tráfico vehicular, donde el ruido de la ciudad desparece y aflora la nostalgia de cierta clase social de pertenecer a una “ralea superior”.







Nos volvimos sin que “la censura” le haya entregado los VHS al guatón “coleccionista” y unas semanas después, supimos que al fin las recuperó luego de pagar un dólar por cada título.











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